1. Skip to Menu
  2. Skip to Content
  3. Skip to Footer

Ante la Beatificación de Sor Lorenza Díaz Bolaños con los mártires de España del siglo XX

casesandreufranciscoMis queridos Hermanos y Amigos todos : 

Hace muy pocas fechas hemos celebrado, como en todas las semanas iniciales de cada curso, unas jornadas de formación para Catequistas. Siguiendo la línea que había seguido a lo largo de este año, quise tratar de nuevo el tema de la Fe. Después de invitar a contemplar la Iglesia misma como la gran realidad de fe, que sólo con la mirada de Dios conseguimos comprender y vivir adecuadamente, planteaba ante los Catequistas de padres y adultos la cuestión: ¿Dónde encontrar la fe de la Iglesia? ¿Cómo llega a nosotros la fe de la Iglesia?

La Iglesia manifiesta su fe en el Credo como resumen de la historia de Amor de Dios con la humanidad. También en la celebración de los Sacramentos, y en especial en el centro y culmen de todos ellos, la Eucaristía. Y en la oración que el creyente y la comunidad cristiana dirigen a Dios después de escuchar su voz y acoger su Palabra. Y en la vida según el Evangelio. Es la entrega y el testimonio de vida de los creyentes lo que muestra ordinariamente a todos en qué creen, o mejor, en Quien creen. La profesión de la fe se convierte entonces en Confesión de la fe.

El Santo Padre Benedicto XVI, en la Meditación durante la primera Congregación general del Sínodo de los Obispos del mes de Octubre último, nos ofreció una hermosísima reflexión sobre este término: Confesión de la fe. Merece la pena repasarla y meditarla detenidamente. La palabra «confessio», que en el latín cristiano sustituyó a la palabra «professio», lleva en sí el elemento martirológico, el elemento de dar testimonio ante instancias enemigas a la fe, dar testimonio incluso en situaciones de pasión y de peligro de muerte. A la confesión cristiana pertenece esencialmente la disponibilidad a sufrir: esto me parece muy importante. En la esencia de la «confessio» de nuestro Credo, está siempre incluida también la disponibilidad a la pasión, al sufrimiento, es más, a la entrega de la vida. Precisamente esto garantiza la credibilidad: la «confessio» no es una cosa que incluso se pueda dejar pasar; la «confessio» implica la disponibilidad a dar mi vida, aceptar la pasión. Esto es precisamente también la verificación de la «confessio». Se ve que para nosotros la «confessio» no es una palabra, es más que el dolor, es más que la muerte. Por la «confessio» realmente vale la pena sufrir, vale la pena sufrir hasta la muerte. Quien hace esta «confessio» verdaderamente demuestra de este modo que cuanto confiesa es más que vida: es la vida misma, el tesoro, la perla preciosa e infinita. Precisamente en la dimensión martirológica de la palabra «confessio» aparece la verdad: se verifica solamente para una realidad por la cual vale la pena sufrir, que es más fuerte incluso que la muerte, y demuestra que es la verdad que tengo en la mano, que estoy más seguro, que «guío» mi vida porque encuentro la vida en esta confesión (Benedicto XVI, 8 de Octubre de 2012).

Los Mártires jalonan la historia de la comunidad cristiana desde sus inicios. El Beato Juan Pablo II, auténtico confesor de la fe, acentuó fuertemente la actualidad del tema martirial. La Iglesia del primer milenio nació de la sangre de los mártires... Al término del segundo milenio, la Iglesia ha vuelto de nuevo a ser Iglesia de mártires. Las persecuciones de creyentes -sacerdotes, religiosos y laicos-han supuesto una gran siembra de mártires en varias partes del mundo... En nuestro siglo han vuelto los mártires... En estos años se han multiplicado las canonizaciones y beatificaciones. Ellas manifiestan la vitalidad de las Iglesias locales, mucho más numerosas hoy que en los primeros siglos y en el primer milenio (Juan Pablo II, Tertio Millennio Adveniente, 1994, 37).

No faltan en la historia de nuestra Diócesis figuras martiriales, y tenemos la alegría de comprobar que ello es verdad no sólo en los siglos primeros de nuestra historia, sino en las épocas más recientes. El próximo 13 de Octubre será beatificada en Tarragona, con un numeroso grupo de Mártires españoles del siglo XX, nuestra SOR LORENZA DÍAZ BOLAÑOS. La llamamos 'nuestra' con un sentido muy profundo. Es nuestra por el lugar de su nacimiento, en nuestra geografía canaria, Santa María de Guía, pero también lo es por la historia de su fe. Es la fe de los padres, nacida, crecida y madurada entre nosotros, con el testimonio de su madre, de su párroco, de tantos creyentes con los que compartió su caminar cristiano en la parroquia en la que fue bautizada, de las Hijas de la Caridad del Hospital de San Roque de Santa María de Guía, de los Sacerdotes de Las Palmas y de las Hermanas del Hospital de San Martín. Son nombres concretos, lugares, fechas, que la han ayudado a crecer en la fe. Y ella ahora, a su vez, en una nube ingente de testigos, nos ayuda a nosotros a correr con constancia en la carrera que nos toca, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús (cf. Heb 12, 1-2). Sí, en el testimonio de los que confiesan su fe como Sor Lorenza hasta dejarse quitar la vida nos muestran con un brillo singular, que encuentran la vida cuando a los ojos de los hombres la pierden (cf. Lucas 9, 24). Encontró la vida en Cristo, el testigo fiel (Apoc. 1, 5), la perdió por Él, se la dejó quitar por fidelidad y amor a Él. La venía entregando ya antes del momento final en el servicio generoso y alegre a los pobres, presencia viva de Cristo hoy. Y el final, el 22 de Noviembre de 1936, en Madrid, a los cuarenta años de edad, fue la gracia del Martirio.

Las Hijas de la Caridad han publicado un precioso libro con el título: Un diamante de treinta caras. Hijas de la Caridad mártires de la fe. Una de esas treinta caras, con el brillo del diamante de la fe, es nuestra Sor Lorenza. En Tarragona, el próximo 13 de Octubre será beatificada. Cinco días después, el viernes 18 de Octubre a las 19.30 horas, en la Santa Iglesia Catedral de Las Palmas de Gran Canaria, daremos juntos gracias a Dios por la luz de Cristo que nos llega en el brillo de este diamante. Mi convocatoria va dirigida a toda la Diócesis, Sacerdotes, Consagrados y Consagradas, y Laicos. Casi cerrando el Año de la Fe, es una gracia especialísima de Dios a toda la comunidad diocesana. Y una ocasión de felicitar y agradecer a las Hijas de la Caridad por su historia y su servicio en nuestros caminos canarios.

Que el Señor nos bendiga con su amor y nos llene de amor mutuo.

 

Mons. Francisco Cases Andreu
Obispo de Canarias

 

Busquedas

Etiquetas

Mensaje CI Asamblea Plenaria de la CEE

Logotipo logotipo oficial para la beatificación

logo

Himno himno oficial para la beatificación

himno

Cartel cartel oficial para la beatificación

cartel